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En forma desacostumbrada, madrugó la campana que anuncia las horas del trabajo. El tañido vibró en la montaña más rápido, más a menudo.
Los obreros que estaban prevenidos saltaron de sus camas y se alistaron para la marcha forzada a respaldar la política del patrón; pero inconsultamientamente. El administrador de la empresa minera, Gerardo de la Puente, acompañado de los capataces, Barrenechea, Márquez, Barrios, esperaban a la salida del campamento. Los obreros salían vestidos de overol azul, nuevo, y cascos de minero. Fueron enfilando camino al pueblo.
El paisaje natural interandino en su plenitud, visto desde las alturas ofrece un espectáculo que ¡embriaga el alma! El horizonte se esfuma en la lejanía de perspectiva que abarca la Sierra trasandina. Envuelto por la niebla, se observa la cadena oriental en los confines del dilatado panorama andino de montes, cerros, llanos, en toques suaves de luz y sombras, que denotan hondos valles y altas cimas. Por senderos tendidos como hilos, sembrados de paja y hierba, por la falda de los cerros, en ligera caminata, cuesta abajo, avanzan los obreros en marcha hasta la capital de la Provincia.
Ya tienen a la vista el panorama del pueblo con su techumbre de gamas pardas, fachadas blancas, matizado de eucaliptos que se destacan del campo circundante de tonalidades verdes de variada coloración...
Tocan las calles y guiados por los capataces se dirigen a las instalaciones de la empresa minera "La Florida de Huallanca".
Entran por la puerta principal y se reunen en la plazuela de la hacienda. Son más de 400 hombres, uniformados de azul y poncho doblado al hombro. Foráneos en su mayoría. Desechos de minas paralizadas como Recuay, Queropalca, Chonta, Vetilla; parias que caminan por el mundo en busca de ocupación permanente.
Un caballero de mejillas rojas, con gorro en la cabeza salió a recibirlos, don Ricardo, el Administrador General de la empresa. Se abrió el almacén. Otro hombre blanco de cara como manzana madura, ordenó la entrega del fiambre consistente en cuatro panes, una portola, galletas y una moneda de un sol, que aseguraron en una servilleta.
En otro compartimiento de la empresa, un joven rubio de ojos azules daba instrucciones a los capataces y empleados responsables de la movilización de la masa obrera, parte del programa de elecciones que el Patrón es candidato. Los tres personajes que son los primeros que comparten con los obreros bajados desde las minas son: Ricardo Ruiz Huidoro, administrador general; el segundo, Víctor López, jefe de almacén, portorriqueño, oficial del ejército norteamericano, en goce de licencia; el tercero, el Ingeniero Frederick Kuhne, jefe de la Central Eléctrica casado con una dama, hija de un principal del pueblo.
Kuhne fabricó las bombas de mano que debían portar los obreros al desfilar por las calles de la Provincia.- ¡Usarlas, sólo cuando se les ordene. Estas armas acondicionadas en cajones y sobre el lomo de mula adelantó hasta el lugar de reunión, en los alrededores de la capital provincial. Y partió el contingente obrero, deslizándose brevemente por las calles de la ciudad. Pasaron por el puente "San Juan".
Tomaron el camino de herradura con dirección a la Unión, distante cuatro leguas, de camino llano a toda orilla del río Viscarra que es un afluente del Marañón.
Los tres estrategas del candidato minero a la diputación marchaban a la cabeza, cabalgando en briosos jamelgos. Con antelación trazaron el plan a seguir, de acuerdo a los informes que se tenía de los movimientos del candidato opositor.
En caso de presentarse circunstancias imprevistas durante la confrontación electoral, corría a cargo de Gerardo de la Puente, licenciado de las tropas del Mariscal Cáceres, en las luchas de la Coalición Nacional. De Víctor López, oficial pororriqueño. Del ingeniero Kuhne, de origen alemán, quien fabricó las bombas, y del casco especial y la coraza del candidato minero que debe usarla como medida de protección. A esto se agrega la presencia del licenciado del cuerpo de caballería, Pedro Barrenechea, de Víctor Agüero y de Vicente Llanos que lucharon al lado de don Nicolás de Piérola.
Los obreros que estaban prevenidos saltaron de sus camas y se alistaron para la marcha forzada a respaldar la política del patrón; pero inconsultamientamente. El administrador de la empresa minera, Gerardo de la Puente, acompañado de los capataces, Barrenechea, Márquez, Barrios, esperaban a la salida del campamento. Los obreros salían vestidos de overol azul, nuevo, y cascos de minero. Fueron enfilando camino al pueblo.
El paisaje natural interandino en su plenitud, visto desde las alturas ofrece un espectáculo que ¡embriaga el alma! El horizonte se esfuma en la lejanía de perspectiva que abarca la Sierra trasandina. Envuelto por la niebla, se observa la cadena oriental en los confines del dilatado panorama andino de montes, cerros, llanos, en toques suaves de luz y sombras, que denotan hondos valles y altas cimas. Por senderos tendidos como hilos, sembrados de paja y hierba, por la falda de los cerros, en ligera caminata, cuesta abajo, avanzan los obreros en marcha hasta la capital de la Provincia.
Ya tienen a la vista el panorama del pueblo con su techumbre de gamas pardas, fachadas blancas, matizado de eucaliptos que se destacan del campo circundante de tonalidades verdes de variada coloración...
Tocan las calles y guiados por los capataces se dirigen a las instalaciones de la empresa minera "La Florida de Huallanca".
Entran por la puerta principal y se reunen en la plazuela de la hacienda. Son más de 400 hombres, uniformados de azul y poncho doblado al hombro. Foráneos en su mayoría. Desechos de minas paralizadas como Recuay, Queropalca, Chonta, Vetilla; parias que caminan por el mundo en busca de ocupación permanente.
Un caballero de mejillas rojas, con gorro en la cabeza salió a recibirlos, don Ricardo, el Administrador General de la empresa. Se abrió el almacén. Otro hombre blanco de cara como manzana madura, ordenó la entrega del fiambre consistente en cuatro panes, una portola, galletas y una moneda de un sol, que aseguraron en una servilleta.
En otro compartimiento de la empresa, un joven rubio de ojos azules daba instrucciones a los capataces y empleados responsables de la movilización de la masa obrera, parte del programa de elecciones que el Patrón es candidato. Los tres personajes que son los primeros que comparten con los obreros bajados desde las minas son: Ricardo Ruiz Huidoro, administrador general; el segundo, Víctor López, jefe de almacén, portorriqueño, oficial del ejército norteamericano, en goce de licencia; el tercero, el Ingeniero Frederick Kuhne, jefe de la Central Eléctrica casado con una dama, hija de un principal del pueblo.
Kuhne fabricó las bombas de mano que debían portar los obreros al desfilar por las calles de la Provincia.- ¡Usarlas, sólo cuando se les ordene. Estas armas acondicionadas en cajones y sobre el lomo de mula adelantó hasta el lugar de reunión, en los alrededores de la capital provincial. Y partió el contingente obrero, deslizándose brevemente por las calles de la ciudad. Pasaron por el puente "San Juan".
Tomaron el camino de herradura con dirección a la Unión, distante cuatro leguas, de camino llano a toda orilla del río Viscarra que es un afluente del Marañón.
Los tres estrategas del candidato minero a la diputación marchaban a la cabeza, cabalgando en briosos jamelgos. Con antelación trazaron el plan a seguir, de acuerdo a los informes que se tenía de los movimientos del candidato opositor.
En caso de presentarse circunstancias imprevistas durante la confrontación electoral, corría a cargo de Gerardo de la Puente, licenciado de las tropas del Mariscal Cáceres, en las luchas de la Coalición Nacional. De Víctor López, oficial pororriqueño. Del ingeniero Kuhne, de origen alemán, quien fabricó las bombas, y del casco especial y la coraza del candidato minero que debe usarla como medida de protección. A esto se agrega la presencia del licenciado del cuerpo de caballería, Pedro Barrenechea, de Víctor Agüero y de Vicente Llanos que lucharon al lado de don Nicolás de Piérola.

