miércoles, febrero 09, 2005

*

Los primeros ganaderos, que vivieron la abundancia de los metales preciosos, a falta de seguridad, también guardaban sus caudales auríferos en petacas o ashutas de barro cocido y bajo tierra. Durante la guerra con Chile lo ocultaron y se fueron a la tumba con el secreto. Si un pobre empezaba movilizarse económicamente, de seguro había hallado un entierro, era el comentario que se extendía en el pueblo -de boca en boca-. Como el caso de Estanislao Pardavé. Regresó del Cerro de Pasco, donde trabajó como obrero. Se instaló en los pastos de "Huapipata", propiedad de la empresa minera "La Florida de Huallanca".

Sin recursos arrendó ganados, pastoreando, un día en que la pobreza recrudeció, pasó por unos roquedales, se sentó a masticar coca, y de pronto vio unas monedas que sobresalían los guijarros, los tomó y siguió escarbando siguiendo la veta de las monedas que se introducían más entre las piedras amontonadas, sin peligro del monóxido de carbono que podría atacar a sus pulmones, ya que los soles de nueve décimos estaban revueltos en el pedregal, sin cobertura, desecha la madera del baúl que los contenía por el tiempo y las lluvias. El hallazgo no es en el "Shegllapaccha"; es en "Arenillapata", a espaldas del "Sagrapetaca", vocablo mestizo: Petaca con agujeros, abandonados después de separar el blanco metal, también de otro entierro, como el que perteneció a don Miguel Llanos, que en la víspera del arribo de los chilenos, cargó en dos mulas, dos cajones de monedas de plata y dos de oro, llevó en horas de la noche al lugar donde Pardavé halló años después. Si bien los cajones con las monedas de oro los recuperó, los de plata no volvió a encontrarlos; aunque busco hasta poco antes de su muerte. El "Jirca" lo mudó de sitio para entregárselo a otro de su preferencia. Llanos se fue con el secreto. Volviendo a las montañas, al Noroeste se alza el "Potrero", de crestas rocosas. El "Chonta", como indio sentado, con poncho y chullo. En su cima cubierto de pajonales se asientan rústicas viviendas de arquitectura pre-inca, "casas de gentiles", según los naturales, también repasado por los buscadores de tapados.

Más al norte, el "Contadera", montaña, la más voluminosa, sus faldas pobladas de pajonales donde anidan perdices, pastan y duermen los venados. En las partes altas rocosas, refugio de pumas y zorros, que se alimentan de vizcachas que repletan los roquedales; salen a calentarse y silvar a la primera luz del día, a la hora vespertina.

El "Shuyana", el "Culebrahuanunan", cierran el círculo de montañas que rodean el pueblo. En sus lomos, poblado de Gonayshas, blandos pajonales entona el viento en su quena, aguda, quejumbrosa melodía milenaria de puna que gime su eterna soledad.
Todo forastero que llega al pueblo, a trabajar en la industria minera se ve rodeado de montañas elevadas, silentes, pintorescas, rocosas. Lo que más llama la atención es el "Azulmina", telón pétreo que cubre la cordillera blanca y es parte de las montañas mineralizadas, cuyo estandarte es el "Cuernopunta", aguda y la más alta de todas, como vigía de riquezas escondidas en el fondo de estas cadenas geológicas, de cuyas entrañas se está extrayendo mineral de alto contenido metálico.
Así llegamos a "San Francisco", campamento minero asentado en la garganta de la montaña totalmente macizo de rocas.
En una pequeña explanada, junto a una laguna, se levantan las viviendas de obreros, casi pegados al cerro, cuyas tapias y techos de paja hacen una fila larga. Las instalaciones de la empresa: la fundición, los talleres, la bodega tienen techos de calamina, como las oficinas, todos arrinconados a la montaña, rodeando la bocamina principal.
La fundición, se reinstaló en la misma mina, después de que trabajó por varios años en el pueblo. Fue por razones de economía y porque el humo dañaba los pastos y sembríos colindantes.
Economía, porque se suprimió las "bajas", el arrieraje. Decenas de mulas y caballos tomaron descanso. Los arrieros se dedicaron a otra actividad rural: sembrío de papas, pastoreo de ovinos.
El panorama de "San Francisco" es de una montaña arañada, por los desmontes dispersos en la falda, bocaminas aquí y allá. Fue descubierto en la Colonia. Buscadores de minas de origen portugués fueron los primers que lo trabajaron. Existe un grabado hecho a cincel en una cueva que representa a un hombre con vestido de trabajo a usanza de esa época, con martillo y barreno en las manos, sobresaliendo las botas de lana y el shucuy en los pies. alpargatas de cuero crudo de vaca henchido de paja seca, como actualmente usan los obreros que laboran en el interior de las minas. El grabado rupestre termina con la inscripción: Schereibar - 1730.
En este campamento se sigue comentando el recuerdo fresco aún de la bonanza minera de años atrás. La gran cantidad de mineral fino que se encontró y se extrajo, que dio renombre a la mina y al pueblo.
Desde meses antes, empleados, obreros y arrieros se reunían en la fragua o en la explanada, junto a la bocamina y comentaban la candidatura del patrón a la diputación por la Provincia.

BlogsPeru.com