JORNADAS CIVICAS POLITICO PARTIDARISTAS DE LOS AÑOS CATORCE
Amaneció el cielo azul profundamente cobalto. La luz transparente de mayo inició un nuevo día.
Por la falda de los montes situado por lado Oeste del pueblo, bajan lentamente los dorados rayos matinales del Sol.
Soñolientos aún, bajo las sombras de la montaña y arropados con sus ponchos y pañolones tiritan de frío los ciudadanos que ya transitan por las calles.
La ciudad de arquitectura mestiza chola se sacude del rocio-nocturno, convertido en escarcha y encaramado sobre los techos musgos de paja añosa, que contrastan con las fachadas blanqueadas olientes a cal, las aceras de lajas o piedra labrada, las calles empedradas, cortadas por acequias por donde discurren cantarinas quejumbrosas las heladas aguas cristalinas que vienen desde los nevados más distantes del pueblo, se encaminan de Sur a Norte; níveos gigantes entrelazados en eterna marcha. Mudos testigos de la vida del hombre del Ande.
El pueblo está rodeado de montañas altas, en esta hora, cubiertas de niebla celeste, que van despejándose lentamente a la par que avanza la luz del día; niebla que en las noches cubre el paisaje como un ropaje vaporoso, transitorio.
Estas montañas que circundan la ciudad tienen sus nombres y son muy familiares, especialmente entre los campesinos, por su misticismo panteísta, por ser nativos del lugar y por su ancestro cultural autóctono, oran en el campo, en la falda de los cerros, en la cima de los montes erguidos cual venerables gigantes, guardianes eternos de la vida y lucha del hombre que mora en las alturas. Se mudan de ropaje a cada hora que pasa el día. Para cada estación hay una nueva tonalidad. En la primavera adornada de flores silvestres mil: hay lirios, cantutas, centellas, violetas. En el verano se cubre de tonos resecos, ocres, amarillos y pardos bermejos. Tornándose gris mustia y melacólica en el otoño y, salir del invierno cubierto de manto de gamas de promesa, esperanza, colores gratos que animan el alma, e invitan a la meditación, a dialogar con la naturaleza, con lenguaje anímico incognoscible, extasiado de poesía a la hora celeste del amanecer, a la hora violeta del crepúsculo, en las noches serenas, despejadas; contemplar el universo cuajado de estrellas, espectáculo cósmico insondable que empequeñece al hombre; a la hora gris plateada de noches claras de luna,en que la tierra descansa y duerme la conciencia y en la hora en que la atmósfera cargada de nubarrones y tempestad rinbomba, centellea, ruge colérico regando de lluvia los Andes, renovando la vegetación y la vida cada año.
El hombre que mora en la puna, en las jalcas, vive abstraído, en la contemplación de la obra sublime de la creación, como parte de ella. Se aferra al paisaje de visión atrayente, subyugante por su belleza. Se familiariza con los cerros, llanos, montes. Dialoga con su fe y lenguaje telúrico. Ruega, pide con su alma sencilla e inculta, ha heredado y creado mitos y leyendas. Conoce los campos de su dominio. Los caminos por donde transcurre sus afanes diarios. Las montañas que domina su visión, sus accidentes, sus roquedales; como las líneas de sus manos.
Allí, al lado Sur, como cabecera del pueblo, asienta su base, "San Cristóbal". Sostiene en su rocosa cabeza la cruz que plantaron los mineros españoles. Al Sureste, se alza el misterioso y erguido peñón, "Shegllapaccha". En sus faldas, completamente rocosas, se esconden, minas de portugueses y españoles. El ingenio abandonado de "Shumagpampa" lo delata ese pasado. Desde su falda brota un manantial que baja delizándose por en medio de cascajos albos, timbrando suaves arpegios. Pasa candorosa por el camino, ofreciendo a todo viajero sus aguas frías y cristalinas, apetitosas para el sediento que bebe pegado al mismo cauce lechoso, hasta saciarse.
En la base de esta montaña hay muchas cuevas, sus pisos están arrasados por buscadores de tapados. Comentan los campesinos que viven enfrente a esta montaña, que en las noches lóbregas, ven "arder"; que para ellos es prueba de tesoros enterrados. Gases del óxido de metales o huesos emanan a la superficie y al contacto con el aire produce el estado de fosforescencia. Crea la ambición de búsqueda de entierros. Hallando huesos, algunos objetos de cobre, tumbas herméticamente cerradas con su contenido de momias preincas de la cultura tiahuanaquense. Afortunados buscadores hallaron objetos de oro y plata y han creado la permanente ambición. Si bien los mineros españoles y portugueses guardaban bajo tierra, chafalonía y monedas de oro y plata en las casonas que ocuparon; algunas han sido descubiertas.


6 Comments:
Good design!
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ATTE
WILFREDO POZO CAMPOS
para conocer la historia es muy buena, me alegra, felecitaciones pero ayudeme a conseguir los libros de Mauro Aquino Albornoz.
mi correo es
wilfredopozo@hotmail.com
atte
wilfredo pozo campos
Una lectura fascinante que sin duda nos transporta a los hijos de esos parajes hermosos de huallanca a revivir los hechos ocurridos por nuestros antepasados.
por favor si alguien vende este libro publiquenlo y si hay otros de historia y personajes de huallanca se lo agracederemos.
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